
Desde 2014, año en que Rusia se anexionó Crimea, Ucrania ha sido objeto de ciberataques cada vez más sofisticados. Teniendo como objetivo los sectores de las telecomunicaciones (como el operador Kyivstar), la energía, el transporte (la empresa ferroviaria Ukrzaliznytsia) o las administraciones, estos ataques pretenden debilitar la cohesión social. De este modo, el ciberespacio se convierte en una herramienta de desestabilización duradera, que afecta tanto a la continuidad de los servicios esenciales como a la confianza colectiva.
Los ciberataques ya no son un mero complemento de las acciones militares, sino un frente en toda regla.
La invasión a gran escala de Ucrania por parte de Rusia en febrero de 2022 marca un punto de inflexión decisivo: los ciberataques se convierten en un frente permanente integrado en las operaciones militares y de información y que requiere una respuesta estructurada y resiliente.
Ucrania se ha adaptado modificando su estrategia de ciberseguridad, apostando por una arquitectura más resistente y más ofensiva ante esta guerra híbrida.
Entre 2022 y 2025, Ucrania ha reforzado sus capacidades en materia de ciberseguridad, pasando de campañas DDoS a operaciones coordinadas por el Estado.
CERT Orange Cyberdefense.
La institucionalización progresiva de estas capacidades, mediante la estructuración de las operaciones cibernéticas y los proyectos de mando específicos, refleja la voluntad de consolidar los logros alcanzados durante el conflicto. No obstante, plantea importantes cuestiones en materia de gobernanza, control y coordinación, sobre todo cuando las fronteras entre los actores estatales y los civiles se vuelven más difusas.
La experiencia ucraniana ofrece pistas para anticiparse y prepararse ante futuros conflictos híbridos. El aumento de la capacidad ofensiva, la estructuración de las respuestas y la comunicación estratégica son lecciones que Europa debe asimilar para reforzar su resiliencia frente a las crecientes ciberamenazas.
Este informe destaca que el ciberespacio ya no es una mera herramienta de defensa, sino una herramienta estratégica por derecho propio, capaz de desestabilizar, influir y causar trastornos a gran escala.
Nuestro informe está disponible a continuación.
Autores: Bogdana Shynkarenko, Mael Sarp y Joseph Montrey